La Guerra
Aparentemente los grupos humanos viven armónicamente en
comunidades pequeñas, al igual que otros animales; pero cuando
el número de habitantes de un lugar crece mucho y aparecen grandes
ciudades, surgen problemas insolubles por el diálogo y las "buenas
costumbres"; como disputas territoriales, acceso a recursos naturales,
prevalencia religiosa y otras, lo que desencadena conflagraciones por
medio de las cuales el propósito tiene el mismo valor que la vida, por lo
que inmensos grupos de humanos son capaces de inmolarse antes de
renunciar a lo que quieren hacer.
La historia de las guerras es muy antigua; sin embargo, sólo a partir de unos 400 a.c. surgió un intento
por descifrar el por qué. Sun Tsu, fue un estratega militar chino que teorizó en su tratado "El Arte de la
Guerra". La Enciclopedia Británica afirma que este tratado influyó en las ideas de Mao Tse Tung.
Pocos intelectuales han considerado esta cuestión tan en serio; por el contrario, se han referido a la
guerra como una lacra y la peor expresión de la especie humana.
Los inicios del Renacimiento están marcados por una serie de descubrimientos científicos; el surgimiento
de algunos ideales humanistas acompañados por un arte que llega cada vez más a la gente común. Los temas
de la pintura empiezan a dejar los elevados estratos de lo divino, para mostrar a los humanos en actitudes
prosaicas. La distribución del poder en Europa era inestable y en particular en Italia se había complicado
enormemente con la presencia de los Médicis, una familia que influyó en varios ámbitos de la vida social,
incluyendo el clero. A pesar de contar entre sus miembros con tres papas, y de haber exaltado la
importancia de las artes y las ciencias, se encontró con un notable monje persecutor, de la orden de los
dominicos florentinos llamado Girolamo de Savonarola.
El carisma y habilidad oratoria de Savonarola fue tan impactante que sus ideas comenzaron a ganar mucha
fuerza. Combatió la vanidad y la sodomía. En la culminación de su impetuoso ascenso al poder, inició una
embestida contra otra influyente familia: los Borgia, que desde España se expandieron por Europa, siendo
benefactores del arte, gobernando en concordia con la iglesia católica, ya que el Papa Calixto III también
era de la familia.
Con la misma rapidez con que se ganó adeptos, Savonarola enfrentó una creciente enemistad de diferentes
grupos de poder que terminaron por extender sus tentáculos y mover así las voluntades, dejando en la
historia la imagen de ser gestores de buenas enseñanzas cuando en realidad eran actos réprobos. Así fue
como la excomunión primero y la hoguera después, pusieron fin al poderoso Savonarola.
Por ese tiempo, un destacado funcionario público, Niccolò Machiavelli observaba con desconcierto las
eufóricas homilías de Savonarola y de qué manera la influencia de los grupos de poder conformaban alianzas
y movían voluntades para torcer el paso de la historia.
Bajo el amparo de los Médicis, Machiavelli sucedió a Savonarola y se dedicó a asuntos de diplomacia y la
guerra.
En este ambiente es que concibió su obra maestra llamada "El Príncipe" que toma como referencia a César
Borgia. Sus ideas de estrategia, la conducta humana y una visión pragmática y visionaria, lo hicieron
famoso hasta nuestros días.
Hacia principios del siglo 19, uno de los más célebres detentadores del poder terminó con el Primer Reich.
Era un francés hábil en la guerra que, según él mismo, sabía gobernar a la gente “con guante de acero
dentro de guante de terciopelo”. Se llamaba Napoleón Bonaparte y llegó a ser Emperador de Francia y
ambicionó el control de toda Europa.
Su carrera comienza en la Revolución Francesa donde adquirió prestigio y sus ideas comenzaron a ganar
importancia, confiriéndole poder e influencia no sólo en Francia, sino que también en otras partes de
Europa. Beethoven lo admiró a tal extremo, que le dedicó su Tercera Sinfonía, con el simbólico nombre de
"Heroica"; en 1802, cuando comenzó a componerla, Napoelón era considerado un héroe y había ganado varias
batallas e incursionado en varios países, incluyendo Egipto; sin embargo, apreciaba el poder y consideró
que un paso importante para sus propósitos era coronarse a sí mismo Emperador de Francia, acto que de
alguna manera iba en contra de las conquistas logradas en la Revolución Francesa, que Beethoven admiraba.
Fue así que, en un acto de legítimo arrebato, el compositor se retractó y renegó de su ofrenda. Pocos
años después, como si fuera poco, Napoleón pondría término al Primer Reich, o Sacro Imperio Romano, un
vasto territorio en el centro de Europa y emprendería decenas de batallas contra países europeos,
incluyendo Prusia.
Napoleón probablemente gestó una de las batallas más icónicas de la historia, la que se desarrolló cerca
de una pequeña localidad belga de Waterloo.
Carl Von Clausewitz, un destacado militar prusiano, participó en las batallas de Jena y Averstädt, el
mismo día, en las cuales Napoleón resultó vencedor.
Napoleón estaba convencido que el poder se traducía en el control total de Europa (así como Hitler también
lo pensó cien años después). Con este propósito llegó a Rusia; pero falló, hasta que en 1814, la Batalla
de París fue determinante y lo obligó a abdicar y ser exiliado.
Clausewitz también estuvo presente en Waterloo, pero tuvo un papel secundario, ya que era Jefe de Personal
del Ejército Prusiano; sin embargo, estas experiencias serían determinantes en la herencia que dejará
respecto al arte de la guerra.
Napoleón se fugó de su lugar de reclusión y rearmó su ejército e intentó recuperar su posición de genio
de la guerra con gran ímpetu; tuvo la doble habilidad de formar y liderar poderosos ejércitos y al mismo
tiempo, ganar poder en la política y la diplomacia.
Pero en definitiva, después de su exitoso desempeño, no fue capaz de ganar al ejército aliado en Waterloo,
formado por Gran Bretaña, Prusia, Rusia, y Austria. Dicen los estrategas que Napoleón cometió un grave
error al dejar de atacar para esperar que se secara el terreno ya que en la noche anterior habría caído
una lluvia copiosa. En ese lapso de tiempo permitió que el ejército aliado adquiriera una conformación
más adecuada.
Clausewitz, que había participado intensamente en varias otras conflagraciones, se había convertido en un
profundo conocedor y planteó una filosofía de la guerra, ya que consideraba que todo esto que ocurría
entre las humanos no eran simples y brutales combates de gentes presa de odio y arrojo, sino que había una
razón y un devenir. Escribió el libro póstumo "De la guerra".
Se cerró así, una trilogía, desde Sun Tzu, el estratega chino del 400 a.c., con su "Arte de la Guerra" y
"El Príncipe" de Machiavelli.
Carl Von Clausewitz es el gran estratega de los tiempos modernos.
Los tres elevaron la guerra al estatus de arte.
|