El cielo
Lo primero que cualquier persona nota es que los puntos luminosos que se ven
en el cielo nocturno, que hoy sabemos que son estrellas, planetas y otros
cuerpos, aparentemente rotan en torno a la Tierra aunque en la actualidad se
sabe que no es así; si uno va a pasear fuera de la ciudad, y observa “el
cielo estrellado”, se da cuenta que ocurre así todos los días. Las personas
comunes, no somos capaces de percatarnos que algunos de esos puntos luminosos
se desplazan en relación a los otros. Los astrónomos lo hacen metódicamente.
Una persona relativamente culta puede darse cuenta que los planetas giran en torno al Sol y la Luna en torno
a la Tierra, pero explicárselo a otra persona puede resultarle difícil.
Hay muchas preguntas difíciles, por ejemplo ¿por qué la Luna nos da siempre la misma cara? (si se ha
percatado) o bien la afirmación: si el invierno se produce cuando la Tierra está más alejada del Sol ¿por
qué entonces la mitad de la Tierra está en invierno mientras la otra mitad está en verano?
Desde remotos tiempos, primitivos humanos observaron el cielo; y probablemente ellos tenían más tiempo que
nosotros como para hacer observaciones por muchos días, hasta darse cuenta que algunos de esos puntos hacían
un movimiento relativo. Los observadores no tenían que ser demasiado inteligentes ni tener instrumentos
especiales para llegar a estas conclusiones. Hay una cantidad de puntos brillantes que se mueven de una
manera totalmente distinta a la gran mayoría. Deben haber pensado que significaban algo. Sin saberlo, se
referían a los planetas. Y podían observar sólo aquellos porque, como están muy cerca de la Tierra, se podían
ver más brillantes que otros millones de cuerpos que también se mueven en forma relativa, pero que están muy
lejos. De hecho, nunca se dieron cuenta que también existía Neptuno que es muy chico y poco brillante, y que
no fue descubierto por observación, sino por cálculos matemáticos.
En seguida, nuestros antepasados antiguos deben haber hecho otra importante avance en su disciplina de
observar los puntos brillantes, para referirse con propiedad a ellos, estaban obligados a definir puntos de
referencia en el cielo. Así fue que inventaron las constelaciones, que están aparentemente estáticas unas
respecto a las otras. Podían por lo tanto, describir el movimiento de los "planetas" a través de diferentes
constelaciones, describiendo específicos movimientos en diferentes épocas del año.
Si eran pacientes en sus observaciones, y lo fueron, podían, sin mayor inteligencia y tecnología alguna, decir
cada cuánto tiempo los planetas volvían a repetir sus movimientos y por lo tanto, tener una relación de
tiempos muy largos. A estos intervalos se les llama ciclos sinódicos. Podían también darse cuenta que en
algunos casos estos planetas se acercaban mucho los unos a los otros y si hacían suposiciones respecto a
significados, o sea, asociarle a esos planetas propiedades esotéricas, la aproximación entre dos planetas
podría a sus vez tener otro significado.
Los pueblos primitivos vieron disposiciones conceptuales en el cielo y las llamaron Aries, Tauro, Géminis,
Cáncer, etc.
Son eso, cosas enigmáticas para los antiguos; para los astrónomos contemporáneos son la coincidencia de
mirarlas desde aquí. Berenice fue la esposa de Ptolomeo III y la Cabellera de Berenice es un cúmulo de
galaxias, son miles y se encuentran a unos 370 millones de años luz de nosotros. ¡Si viviéramos en un planeta
en la Cabellera de Berenice, veríamos las mismas estrellas del zodíaco en disposiciones absolutamente distintas!
Para un extraterrestre que se vea la suerte allá no tendría ningún sentido referirse por ejemplo a Tauro, ya
que no vería ninguna forma taurina en las estrellas vistas desde ese lugar.
Hay que darse cuenta que las constelaciones son figuras planas para nosotros, como un dibujo en la superficie
de un papel. Así la vemos, aunque los astrónomos saben que están formando un volumen en el espacio.
Stonehenge muestra que pueblos de la Edad del Bronce hicieron acuciosas observaciones, en especial del Sol y
la Luna. Sostengo que no necesitaron ser tan inteligentes como los quiere hacer aparecer algunos pensadores.
Si uno se fija, el famoso astrónomo danés Tycho Brahe no se destacó principalmente por su laboriosidad. Se
dedicó a hacer rigurosos registros de las posiciones de las estrellas, llegando a identificar casi 800 y tuvo la
paciencia de elaborar tablas de datos extraordinariamente grandes con mediciones. Para lograrlo, ideó una serie
de artefactos mecánicos de gran tamaño. La idea era tener una manera precisa de dirigir la mirada hacia un objeto
y marcar sus coordenadas. Tycho Brahe no creyó en las ideas de Copérnico, y aunque no logró contradecirlas con
sus mediciones, permitió contar con un mapa de las estrellas y las posiciones de los planetas en un período muy
largo de tiempo.
No logró ir más allá. Se necesitaba un cambio conceptual a partir de las inmensas tablas de mediciones. Este paso
lo dio Johannes Kepler, quién vio en esos números, ecuaciones y conceptos matemáticos que los explicaran. Así,
estableció una relación entre los seis planetas conocidos y seis figuras geométricas que explicaban el movimiento.
Aunque había dado un paso trascendental, una transformación conceptual de lo conocido, su hipótesis no estaba
correcta porque ¡faltaban planetas por descubrir!
Galileo, al verlo, se refirió a Saturno como "el cuerpo triple de Saturno, o el planeta con orejas". 45 años
después, Christian Huygens descubrió que tenía anillos. En la civilización occidental le llamamos Saturno porque
los romanos lo bautizaron así. Dios romano Saturno. Es el sexto planeta. Se conoció de muy antiguo y diferentes
culturas lo han llamado con diferentes nombres. En otras civilizaciones los planetas fueron nombrados de otra
manera. Aquí cito a Saturno como ejemplo porque soy occidental, sin embargo, no invalida el asunto de fondo que
quiero enfatizar. La sonda Cassini de la Nasa encontró un hexágono. Para los esotéricos debe ser muy sorprendente.
La película se registró el 10 de Noviembre de 2006. La misión Cassini-Huygens fue una misión de 4 años que
terminó en 2008. Al escribir este texto, una segunda misión estaba próxima a iniciarse, llamada Cassini Equinox,
destinada a dilucidar otros enigmas.
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