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       Un ser extraño 

              La caza del zorro sigue el mismo patrón de las Corridas de Toros: hay un 
              placer que se satisface y un ser vivo que muere.
              Uno de los extraños casos de seres vivos que eliminan a otro de su misma 
              especie, sin que su propósito sea aprovechar su combustible biológico, 
              ese es el ser humano.
Uno de los extraños casos en los cuales un ser vivo elimina a otro sin que su propósito sea desintegrarlo 
para conseguir combustible biológico, es el ser humano.
Durante el acto de desintegración de un ser, en el caso de los humanos, se produce un placer durante el 
proceso de trituración. Este placer está relacionado con la gratificación del acto, que de otro modo no 
satisfaría el principio de que el juego gratificante induce al ser a aprender sobre el medio y la 
creación de estructuras mentales.
Esta aniquilación la hace en el contexto de una disciplina reconocida como arte: la gastronomía.
Más extraño es el caso de seres vivos que sienten un gran placer hostigando y engañando a otro ser vivo. 
Otra vez es el ser humano, por ejemplo, cuando "practica pesca deportiva". En esta entretención (nada ni 
nadie lo obliga, excepto un afán lúdico), engancha a un pez, destrozando su mandíbula, lo examina, siente 
un placer de haberlo capturado y enseguida lo vuelve al agua, presumiendo que es generoso.
No es necesario hacer ningún experimento para saber que engancharse con un anzuelo debe producir 
horribles dolores. Uno podría imaginar que va hambriento por el campo y de pronto encuentra una manzana 
en un árbol. La coge, y al darle una mascada, se le incrusta un trozo de hierro en la encía. Luego, 
sentimos que nos jalan fuertemente y nos sumergen en el agua. Sin poder respirar bien y aterrorizados, 
sentimos que nos quitan el trozo hierro y casi a punto de perder el conocimiento, nos dejan quietamente 
en la playa. 
Con la mandíbula adolorida, corriendo tierra adentro, ¿podría uno exclamar ¡vaya que simpática broma y 
qué generosa actitud, yo pensé que moriría!?

La caza del zorro sigue el mismo patrón biológico de las Corridas de Toros. Hay un placer que se satisface 
y un ser vivo que muere.
Uno de los extraños casos de seres vivos que eliminan a otro de su misma especie, sin que su propósito 
sea aprovechar su combustible biológico, ese es el ser humano.
Lamentablemente, para nuestro ego, el arte tiene mucho que ver con estas actitudes extrañas y dañinas.
Para el pescador con mosca, esta tortura hacia los peces es un arte, como lo es para el torero el clímax 
que consiste en la muerte del toro; satisface muchos equilibrios sicológicos, de logro, precisión, riesgo, 
exhibición de buenos genes, poder, al igual que en cualquier actividad artística. Para Picasso, la 
Guernica se logra con pinceles y óleo y una virtuosa técnica. Para el pescador, con anzuelos, lienzas, 
cañas, y una virtuosa técnica. Para el torero con el riesgo, la capa, la espada y una virtuosa técnica. 
En todos estos casos, el propósito es el placer estético del ser humano que lo hace y de quien lo observa.
Al final hay un ser vivo que ha resultado dañado. Afortunadamente en el arte no ocurre así.
Un elefante va por el campo y pisa una piedra; bajo la piedra hay un sapo, o algo así, que muere triturado. 
Este es un acto involuntario y pertenece a la característica azarosa de la naturaleza. El sapo tenía una 
determinada probabilidad de culminar con su ciclo de vida.
Pero un ser que busca a otro, lo engaña y lo hace caer en una trampa para luego quitarle la vida, es 
voluntarioso y un acto muy propio del ser humano: la emboscada, la trampa, el engaño, el estudio artero 
de la víctima para saber de qué manera su sistema nervioso tiene reacciones genéticas programadas que 
siempre se repetirán en la misma forma; para descifrar su código de conducta y así someterlo. 
Hay un impulso irracional a ejercer un juego como medio para conocer. 
La paradoja es que el humano, en su complejo nivel de conocimiento, debe juzgar, como cualquier otro ser; 
lamentablemente, su juego es mucho más complejo y puede ser dañino.
El arte es la vertiente inocua de manifestarse el placer estético.
Las otras formas, creo que pueden ser nocivas.
        
© Jaime A. Maldonado
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