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       El asesinato 

              En 1854 Thomas de Quincey concluyó su libro 
              "Del asesinato considerado como una de las bellas artes", en el 
              que un supuesto integrante de una sociedad secreta, hablando en 
              primera persona, analiza el propósito de la organización, y algunos 
              casos de crímenes de los cuales deduce una forma extraña y 
              turbadora de arte.
Probablemente la sociedad secreta descrita por de Quincey nunca existió; sin embargo, la definición de su 
hipotética existencia y el ulterior método de análisis de crímenes desde el punto de vista estético, la 
convierten en una obra interesante.

El llamado Conde de Lautréamont, fue un poeta francés de mediados del siglo 19 que produjo el libro de 
versos “Cantos de Maldoror”, 1869, que se ha considerado una obra crucial, que toca la maldad de  un 
héroe tenebroso; mientras que Charles Baudelaire, fue conocido como el poeta maldito; a quien el escritor 
francés Denis Huisman lo trató de satánico en su libro “L’esthétique” de 1954. 

Así como estos poetas han sido execrados, porque el objeto de su arte es oscuro, también han sido idolatrados 
por la integridad de su obra y la emoción estética que producen sus versos.

En la película de Mike Newell “La sonrisa de la Mona Lisa”, 2003, se toma el cuadro del ruso Chaïm Soutine 
“Carcass of Beef”, 1925, que muestra un buey descarnado y sanguinolento; en la película se desarrolla un 
interesante diálogo acerca de la bondad en el arte. El ejemplo no pudo ser más apropiado, ya que Soutine 
tomaba animales muertos como modelos para  pintar. Su pintura, una mezcla de Van Gogh y Chagall con colores 
fauvistas, lo  convirtieron en un “pintor maldito”; Jean Cassou califica su arte como “un terremoto mental”. 
Parece una ironía, pero Rembrandt también pintó un “Carcass of Beef”, en 1655 y aparentemente no causó tanta 
desazón. No hay duda de que los observadores del arte son parte activa de la obra, ya que su parecer 
determina el conocimiento que tenemos de las obras.

Varios otros artistas fueron cultores de esta especie de darkart, como Edgar Alan Poe, Tomasso Marinetti, 
Charles Bukowski y muchos más; y personalidades no menos irreverentes, como el marqués de Sade y Rasputín 
(el monje loco), quienes hicieron sus aportes al arte europeo.

La gente, generalmente se interesa en las noticias de crímenes. Este hecho devela una necesidad insatisfecha 
desde el punto de vista del márketing. Hay un incentivo comercial para la prensa escrita, la TV, el cable y 
radio emisoras para proporcionar tal información. Una historia buena resulta ser la reconstitución literal de 
un crimen. Se puede tomar como un acto de moral que hay que conocer o historia de interés humano incluso 
cuando su valor como noticia no sea tan bueno. 

De esta realidad social es que nace el crime journalism, “crónica roja” en América Latina y yellow journalism 
en Inglaterra. En el crime journalism el hecho siniestro y reñido con la moral no es tan importante como la 
forma o proceso que lo genera. Hay interés en conocer el procedimiento que empleó el asesino. El estado de 
mutilación de la víctima. 

La gente se acerca al relato con prudencia; pero con ávido interés. Generalmente expresa que el crimen es 
repugnante; pero volverá a informarse del siguiente caso con el mismo ávido interés.

        

© Jaime A. Maldonado
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